LAS LATAS ORGANIZA LA SESIÓN JUVENIL DEL FESTIVAL DE CINE LAS CALIFORNIAS

Por Idaira Martín

Ésta es la historia de cómo se nos empezó a ir la olla. Como muchas personas sabéis, el Centro Social Seco organiza anualmente un festival de cine social, Las Californias, que suele durar alrededor de cuatro días y este año era su undécima edición. La diferencia con otras muestras anteriores radicó en que esta vez incluyeron una sesión para juventud, cuya organización dejaron en manos de quienes formamos parte del Curso de monitoras y monitores de ocio y tiempo libre de Servicios Sociales de Distrito Retiro, que imparten Asociación Garaje y Escuela de Tiempo Libre Magni. Lo que la gente del Centro Social de Seco no sabía es que cuando nos ponen como única pauta “haced lo que queráis” nos venimos muy arriba.

La película elegida para ser proyectada fue “Requisitos para ser una persona normal”, dirigida y protagonizada por Leticia Dolera. Hay que decir que el título nos lo puso a puntito de caramelo: ¿personas normales? Pero… ¿eso qué es?, ¿se come?, ¿es un animal mitológico? ¡Socorro! Os invitamos a que veáis la película porque os hará reflexionar sobre el concepto de normalidad en la sociedad de hoy en día.

Personalmente consideramos que no existen esa clase de seres legendarios, así que decidimos montar un cine fórum como si se tratase de una investigación médica en la cual mediríamos el índice de normal de las personas asistentes y las dividiríamos según su categoría social. Ahí entramos en juego el equipo de organización con nuestras dotes de interpretativas dignas del Teatro Real. Nos hicimos pasar por doctoras y doctores vistiendo sus mejores galas con batas, uniformes y chapitas con nuestros nombres profesionales: la doctora Pancracia como directora del proyecto, la doctora Scotex, el doctor Garbanzo y, por último, las doctoras Lady y Gaga. Seguro que estáis preguntándoos por qué narices tenemos esos nombres, pero relax, todo a su debido tiempo.

La sesión transcurrió de la siguiente manera: dos de las doctoras estaban en la puerta de entrada repartiendo un sobre sellado a cada una de las personas que iban llegando a la sala de experimentación, es decir, a la sala de cine. Nadie podría abrir este sobre hasta recibir órdenes de la doctora y directora Pancria. Dentro del mismo había un bolígrafo y una lista que recogía una serie de ítems que cada cual debía marcar con una “X” en función de si los cumplía o no, como por ejemplo: tener una casa, tener un trabajo que le guste, una familia unida, hacer deporte, círculo de amistades cercano etc. Una vez explicado este paso, contaban con 4 minutos para hacerlo. Quienes cumplían entre 0 y 5 requisitos pasaban al stand número 3 con la doctora Scotex, quien les esperaba con una mesa medio rota donde podían encontrar rollos de papel higiénico y una basura por si lo necesitaban.

Aquellas otras que cumpliesen entre 6 y 10 requisitos debían dirigirse al stand número 2 con el doctor Garbanzo, quien tenía una mesa de barra coja, vasos de cartón, una garrafa de 5 litros de agua y un piscolabis con el peor fruto seco de la historia: el garbanzo. Bueno… vale… hay que decir que finalmente nos resultó imposible hacernos con esos garbanzos porque no los venden por bolsas individuales. Nuestra teoría es que están tan malos que ni aún habiendo un apocalipsis zombie tipo The walking dead se los comería la gente, así que por eso no los embolsan por separado.

Por último, aquellas personas hubiesen rellenado entre 11 y 15 ítems debían dirigirse al stand número 1 donde las doctoras Lady y Gaga les esperaban con un equipazo de música sonando a todo trapo la canción Bad Romance, un cartel de bienvenida, mucho confeti, una mesa digna de un despacho de abogacía, vasos divinos de la muerte y un montón de refrescos variados.

Obviamente, la cara de la gente era de póker, nadie entendía nada -y seguro que tú, quien lee estas líneas, tampoco-. Después de unos 5 minutos en esta situación volvimos a pedir a todas las personas que tomasen asiento explicándoles que proyectaríamos un vídeo en el cual se explicaría el porqué de esta situación. Sí, ese vídeo era la película de “Requisitos para ser una persona normal”. Como no queremos haceros spoiler no vamos a profundizar mucho en esta parte, simplemente explicaros que al fin y al cabo se trata de una crítica social al modelo de vida que debemos seguir y las cosas materiales que debemos tener para que la sociedad no nos excluya como personas poco exitosas y/o frikis. De ahí los ejemplos anteriores sobre la casa, amistades, familia, trabajo etc. Ya sabéis que quienes cumplen esta serie de requisitos son tenidas en cuenta como personas de éxito por el sistema capitalista en especial, quien nos hace soñar con ese modelo de vida perfecto desde nuestra infancia.

Como la propuesta de la película pasa por visibilizar otras formas de vivir cuya premisa principal es la felicidad, decidimos que el debate girase entorno a 3 reflexiones: la primera, se trataba de un ejercicio de introspección en el que se preguntasen si aquello que habían marcado en sus listas lo estaban haciendo porque realmente les gustaba o por imposición social. En segundo lugar, que reflexionasen sobre si les hacían felices. Y, en tercer lugar, invitamos a romper literalmente es dichosa lista por la mitad para crear de manera conjunta una nueva con aquellas cosas que les hacían personas anormalmente felices. Os podemos asegurar que lo que salió de ahí no tenía ni una sola característica común con la lista estandarizada que habían entregado al comienzo. Se soltaron la melena y tiraron bien lejos las mochilas de imposiciones sociales que llevaban cargando a su espalda toda la vida. Tanto es así que algunas de las características que les hacían anormalmente felices eran: comer croquetas veganas del Mercadona, levantase los fines de semana a las 11 de la mañana para desayunar y volver a acostarse, dormir la siesta con su pareja o desayunar pizza del día anterior. ¿Y tú?, ¿haces lo que haces por imposición o por felicidad?

FINALIZA LA PRIMERA EDICIÓN DEL CURSO DE MONITORAS DE OCIO Y TIEMPO LIBRE LAS LATAS

Por César González

En abril de 2018 terminó la fase teórico-práctica del Curso de monitores y monitoras de ocio y tiempo libre de Las Latas, entendiendo “teórica” como una forma de dividir lo indivisible porque, sin duda, ha habido mucha “práctica” en este arranque. Desde diciembre de 2017 hasta abril de 2018, han sido unos meses llenos de experiencias y aprendizajes diversos, compartiendo y reflexionando acerca de la que consideramos como una de las profesiones más importantes del mundo: la educación.

En el aula que nos cedió el Centro Social Seco, hubo tiempo para hablar de nuestras historias personales, de lo que entendemos por educar y cómo hacerlo, de la diversidad de realidades que componen nuestra sociedad y de las dificultades y potencialidades asociadas a cada una de ellas. Desde dibujar nuestra adolescencia a teatralizar fábulas, desde hablar de la importancia de la perspectiva de género a cuestionar la arquitectura de nuestros entornos urbanos, desde visitar una feria de educación a convivir en una acampada diseñada y gestionada por las mismas participantes. Todo ello desde la participación activa y la construcción colectiva, ambos procesos basados en el respeto sin perder el análisis crítico. Todo en intrínseca conexión con la intervención socioeducativa.

Recuerdo con especial cariño aquellas sesiones en las que debatían acaloradamente sobre el mundo que les rodeaba y cómo hacerlo mejorar. Me siento privilegiado de poder haber estado con ellas en esos momentos de efervescencia creativa en los que colaboraban para plasmar una idea, un pequeño proyecto. De haber tenido la posibilidad de escuchar sus inquietudes y opiniones a la hora de reunirme individualmente con ellas (“¿Qué te llevas de este curso?” Preguntaba, “¡Me llevo muchas cosas!” me contestaban, tras unos segundos de reflexión). De verlas organizar sus propias sesiones y compartir con el resto aquellos aprendizajes que la vida les había dado. De aquellos silencios al unísono cuando una verdad parecía conectarnos de manera única durante unos instantes.

La experiencia ha sido sin duda memorable, y las personas que hemos facilitado el proceso estamos felices de haber encontrado brillantes mentes y grandes corazones dentro de un grupo tan rico y heterogéneo. Ahora toca materializar lo aprendido, salir del aula y ponerse manos a la obra. De hecho, muchas de vosotras seguro ya les conocéis. Junto a las compañeras de Garaje, colaboran en distintos espacios socioeducativos y de cuidados de Las Latas, así como en la organización de acciones a nivel comunitario, habiendo participado de la dinamización de eventos culturales, artísticos y deportivos (Pacífico Puente Abierto, Minifestival Las Latas, Festival de cine “Las Californias”,…).

¿Qué más sorpresas estarán preparando? Solo ellas lo saben, pero estamos convencidas que pronto verán la luz. En Asociación Garaje y en Magni, creemos en la importancia de formar y conectar personas comprometidas con las personas y el contexto en el que viven, y este equipo humano está dando, y dará, positivamente que hablar en Distrito Retiro. ¡Seguimos en marcha!